LAS ALPARGATAS
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LAS ALPARGATAS Existen cosas muy buenas, un ejemplo: la alpargata. Cuántos dolores nos quitan si nuestros pies se nos cansan. Es humilde y muy sencilla y de precio bien barata, que por eso es tan prudente tan honestita y tan callada. Los zapatos le presumen y ella la pobre se calla, es del cuento cenicienta y de sus dueños la esclava. De presumir sabe poco, de fiestas no sabe nada, nunca gozó de buen ver y a menudo va de chancla. Algunas veces sonríe cuando sus dueñas se enfadan, y ve que vuelan zapatos maldecidos por sus amas. “Tengo los pies hechos polvo y vejigas en las plantas, de estos malditos zapatos que me destrozan el alma " ¡Rápido mis zapatillas! -que también así se llaman- de dolor voy a reventar: mis dedos son puras ascuas. "Qué bendición de babuchas, ¡bendita mis alpargatas! pero claro, no me visten si quiero ponerme guapa" Así es su penosa vida, por el mundo siempre a rastra, si no se ponen, se esconden en el rincón de la casa. Una obrera de la tierra y de dueños mal pagada. ¡Vamos que es la cenicienta, por lo mal que se la trata! En este mundo se vive queriendo ser, sin ser nada, presumiendo de zapatos y olvidando la alpargata. Al que nos presta favores le devolvemos la espalda y al que nos agria la vida le besamos las pisadas. Como un circo rueda el mundo entre fantasías vanas, así somos los humanos arrogantes sin ser nada. Míseros y presuntuosos y verdaderos fantasmas, unos pobres desgraciados es la condición humana, presumiendo de zapatos llevando sólo alpargatas. .oOo. -Manuel Cornejo González- |
